La Amazonía colombiana atraviesa un momento crítico después de décadas de deforestación, incendios y expansión de actividades productivas. Investigaciones y sobrevuelos realizados por la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS) revelan que amplias zonas del bosque han desaparecido, transformadas principalmente en potreros y terrenos intervenidos.
Durante un recorrido aéreo de aproximadamente siete horas sobre distintos sectores de la región amazónica, expertos observaron enormes extensiones que antes estaban cubiertas por selva y que hoy presentan grandes vacíos forestales. Esta transformación ayuda a explicar por qué las cifras recientes de deforestación han disminuido: en muchos territorios, el bosque ya fue talado.
La ganadería impulsa el cambio del uso del suelo
Uno de los factores más determinantes en la pérdida de bosque ha sido el crecimiento del hato ganadero en municipios del llamado arco de deforestación. Entre 2018 y 2024, varias zonas registraron aumentos significativos en el número de cabezas de ganado.
Por ejemplo, en La Macarena el hato pasó de 84.893 a 289.069 animales. En Cartagena del Chairá el incremento fue de 160.465 a 448.360 cabezas, mientras que en San Vicente del Caguán se alcanzó un total cercano al millón de animales.
Solo en 2023, la comercialización de ganado en estos tres municipios alcanzó aproximadamente 428 millones de dólares, lo que evidencia el fuerte peso económico de esta actividad en la región.
Gobernanza débil y economías ilegales
El informe también advierte que la deforestación está vinculada a un contexto complejo de gobernabilidad territorial. En varias zonas coinciden la presencia de grupos armados ilegales, economías ilícitas y procesos irregulares de apropiación de tierras, factores que dificultan la acción del Estado.
A esto se suman algunas actividades económicas desarrolladas dentro del marco legal que, según los investigadores, también han impulsado el cambio del uso del suelo. Políticas públicas, inversiones orientadas a actividades no forestales y la limitada presencia institucional en zonas rurales han acelerado la transformación del ecosistema amazónico.
Más emisiones y ecosistemas fragmentados
Las consecuencias ambientales de este proceso son profundas. La pérdida de bosque aumenta las emisiones de dióxido de carbono, degrada los suelos y reduce la capacidad de regulación hídrica de la región. Además, provoca contaminación de aguas superficiales y fragmenta los ecosistemas, afectando la conectividad ecológica.
Crecen también los cultivos de coca
Otro fenómeno que preocupa a los investigadores es la expansión de los cultivos de coca. Según datos del monitoreo UNODC-SIMCI, en 2023 Colombia registró 252.571 hectáreas sembradas con coca, de las cuales el 25,6 % se encontraba en la Amazonía.
El departamento de Putumayo concentra cerca del 20 % del total nacional con más de 50.000 hectáreas. Guaviare y Meta también registran presencia significativa de estos cultivos.
En municipios del arco noroccidental amazónico, la superficie cultivada pasó de 7.147 hectáreas en 2019 a 13.500 en 2023, un aumento cercano al 89 %.
Un vacío creciente entre la Amazonía y los Andes
Durante sobrevuelos recientes, investigadores también detectaron nuevos cultivos de coca en zonas como las sabanas del Yarí, el norte del Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete, así como en municipios como Calamar, El Retorno y Miraflores.
El director de la FCDS, Rodrigo Botero, advirtió que se está formando un vacío cada vez mayor de bosque entre la planicie amazónica y la cordillera de los Andes, lo que amenaza procesos ambientales clave, especialmente el ciclo del agua.
Para los expertos, la situación debe entenderse no solo como una crisis ambiental, sino también como un desafío de gobernanza para el Estado colombiano en la protección y recuperación de la Amazonía.












