Una investigación publicada por The New York Times reconstruyó los días previos a la captura de Nicolás Maduro y expone una cadena de errores estratégicos, divisiones internas y señales ignoradas que desembocaron en el primer ataque militar extranjero en territorio venezolano en más de un siglo.
El reportaje, basado en entrevistas con funcionarios y personas cercanas tanto a Caracas como a Washington, sostiene que el líder chavista jamás creyó que Estados Unidos ejecutaría una ofensiva directa.
Una confianza que terminó en sorpresa
A finales de 2025, mientras fuerzas estadounidenses se desplegaban en el Caribe, Maduro mantenía una agenda pública activa y celebraba las festividades de Año Nuevo en Caracas con total normalidad. Según la investigación, el mandatario interpretaba los movimientos militares como presión diplomática, no como una amenaza real.
Incluso tras recibir advertencias directas, insistía en que aún había margen para negociar su permanencia en el poder o una salida pactada.
El diario describe esta etapa como un “grave error de cálculo” de un gobernante que durante años logró sortear sanciones, protestas y conspiraciones internas.
La llamada con Trump que cambió el panorama
Uno de los momentos clave fue la conversación telefónica del 21 de noviembre entre Maduro y el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
De acuerdo con fuentes citadas, el diálogo fue cordial e incluso distendido. Sin embargo, ambos líderes salieron con lecturas opuestas: Maduro creyó haber ganado tiempo; Trump concluyó que no habría renuncia voluntaria y empezó a inclinarse por una intervención.
Ultimátums y mensajes desestimados
Días después, un mensaje transmitido por el empresario brasileño Joesley Batista —tras reuniones con el secretario de Estado Marco Rubio— dejó claro que Washington esperaba su salida inmediata.
Pero en Caracas se interpretó como una maniobra negociable.
Mientras tanto, Maduro reforzaba su narrativa pública con llamados a la paz y apariciones en actos masivos. Según el reporte, algunos de esos mensajes fueron vistos en la Casa Blanca como provocaciones.
Desconfianza interna y tensión con Delcy Rodríguez
El artículo también revela fracturas dentro del chavismo tras las elecciones de 2024. Maduro habría incrementado su dependencia del ala más dura del oficialismo, encabezada por Diosdado Cabello.
Paralelamente, comenzó a desconfiar de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, considerada más pragmática. Según el reporte, incluso evaluó apartarla del cargo días antes de su captura, en medio de sospechas internas y tensiones estratégicas.
Bloqueo petrolero y la última oferta de exilio
La presión aumentó con un bloqueo petrolero parcial que afectó la principal fuente de ingresos del país. Aun así, Maduro seguía convencido de que Washington buscaba concesiones económicas, no una intervención directa.
El 23 de diciembre, la Casa Blanca habría presentado una oferta final: garantías de seguridad y protección patrimonial a cambio del exilio. La propuesta fue rechazada.
El operativo del 3 de enero
En la madrugada del 3 de enero, más de 150 aeronaves estadounidenses participaron en la operación militar que terminó con la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores.
La ofensiva, según el reportaje, dejó más de un centenar de muertos entre militares venezolanos y aliados extranjeros.
Tras la detención, funcionarios estadounidenses contactaron a Delcy Rodríguez y le advirtieron que los ataques continuarían si no cooperaba. La dirigente, que se encontraba en la isla de Margarita, aceptó asumir el poder de manera provisional.
Un desenlace marcado por la incredulidad
La investigación concluye que, hasta el final, Maduro nunca creyó que la amenaza se materializaría. Apostó por la negociación, subestimó las señales y terminó enfrentando el escenario que siempre consideró improbable.
La caída del líder chavista no solo redefine el panorama político venezolano, sino que también marca un punto de inflexión en la relación entre Caracas y Washington.











