Expertos coinciden en que la democracia colombiana enfrenta una parálisis institucional, agravada por la polarización, el debilitamiento de los partidos y el mal uso de redes sociales como espacio de debate público.
La preocupación la hicieron expresa en el conversatorio Estado actual de la democracia, que se realizó en la Universidad del Rosario y donde se presentó el libro “Democracia bloqueada”, del exfiscal y exprocurador Alfonso Gómez Méndez.
Durante su intervención, Gómez Méndez dejó clara su preocupación por el deterioro del sistema político colombiano y por la creciente desconexión entre las instituciones y la ciudadanía. “La democracia no se bloquea por falta de elecciones, sino por la incapacidad de gobernar. Cuando el Ejecutivo y el Legislativo no pueden dialogar, y no existen mecanismos institucionales para resolver ese choque, la democracia se paraliza y pierde legitimidad”, explicó, haciendo referencia al actual enfrentamiento entre las ramas del poder público, visible en debates recientes sobre reformas clave.
Para los académicos, el riesgo es que cada vez que haya una diferencia entre Gobierno y Congreso se convoque a la ciudadanía de forma directa, como si el pueblo fuera un juez inmediato. Eso -afirman- no solo debilita las instituciones, sino que puede abrir la puerta a salidas autoritarias.
Manuel Restrepo, director de la Escuela Doctoral y profesor de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario, destacó que la actual desconexión entre el poder Ejecutivo y el Legislativo es solo uno de los síntomas de un problema más profundo.
“Hemos normalizado una democracia que no resuelve. Una democracia que promete participación, pero que sigue atrapada en viejas lógicas clientelistas y en estructuras rígidas. Y cuando no hay una verdadera representación, lo que surge es el descontento”, apuntó Restrepo, aludiendo a los recientes escándalos de corrupción que han debilitado la credibilidad institucional.
Añadió que los mecanismos de participación ciudadana consagrados en la Constitución de 1991 —como las consultas populares, plebiscitos o cabildos abiertos— “deben usarse con responsabilidad, no como herramientas coyunturales o de presión política, sino como espacios reales de deliberación ciudadana”.
“Pensar la democracia desde las regiones”
Desde una mirada histórica y crítica, Carolina Galindo, profesora de la Escuela de Ciencias Humanas de la institución, llamó la atención sobre las falsas dicotomías que se han instalado en el discurso público: “Hablamos como si la democracia representativa y la democracia participativa fueran opuestas. Pero muchas de las conquistas sociales y democráticas que hoy disfrutamos —como los derechos laborales o la igualdad de género— no se lograron en el Congreso sino en las calles, con participación directa”.
Galindo subrayó además la importancia de pensar la democracia a partir de las regiones: “Colombia es un país de múltiples realidades. No podemos seguir hablando de la democracia como si fuera una experiencia homogénea. Lo que ocurre en Bogotá no es lo mismo que en el Pacífico, la Amazonía o la Costa Atlántica. Necesitamos entender mejor cómo se vive lo político en lo local”.
Juan Carlos Ruíz, profesor de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos, compartió una reflexión sobre la formación política y el rol de las nuevas generaciones en la transformación democrática: “Hoy más que nunca necesitamos líderes que asuman el reto de reconstruir la confianza en lo público. Pero para eso debemos formar ciudadanía crítica desde las aulas. El debate democrático comienza en la universidad, con estudiantes que se atrevan a pensar distinto y a construir desde la diferencia”.
Ruíz destacó que los partidos políticos han perdido capacidad para canalizar las demandas sociales: “Si los partidos no tienen identidad, ni conexión con la gente, ni disciplina interna, entonces no cumplen su función de mediadores. Y cuando los partidos fallan, la polarización ocupa su lugar”.
Entre tanto, Rocío Araújo, vicerrectora de la Universidad del Rosario, resaltó que la obra de Gómez Méndez “ofrece una obra que es a la vez un diagnóstico preciso y una advertencia oportuna. Un libro que no cae en la queja fácil ni en el pesimismo, sino que invita a pensar con claridad los desafíos que enfrenta nuestro sistema político, particularmente cuando el presidencialismo, ese que heredamos y al que tanto nos hemos aferrado, se convierte en un obstáculo para la gobernabilidad democrática, en lugar de una garantía”.
El conversatorio cerró con la conclusión de que la democracia necesita reformas, pero sobre todo necesita voluntad para funcionar.










