El gobierno anunció el pasado martes 17 de marzo que suprimirá los subsidios a los combustibles en el país ligados al diésel para uso industrial.
A través del decreto 0268 del 17 de marzo del 2026, la normativa dice que los combustibles líquidos derivados del petróleo, es decir, el diésel, dejará de recibir subsidios del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles solo cuando estos sean utilizados para producir otro tipo de combustibles.
Lo anterior incluiría el uso de quemadores industriales usados, en algunos casos, en la generación de energía, en el sector cementero, así como la creación de procesos térmicos.
Con la normativa, estos combustibles no contarán con precios subsidiados, sino que estos ahora se regirán por la libre competencia del mercado, lo que podría representar un aumento en los costos de las empresas que derivan sus ingresos de estas operaciones.
Cabe destacar que el gobierno mantendrá algunas excepciones para los combustibles que se destinen a mezclas con biocombustibles como, por ejemplo, el diésel con biodiésel o la gasolina con etanol.
Las razones de la finalización de los subsidios
El gobierno de Gustavo Petro aseveró que no es viable mantener este subsidio ligado a los procesos industriales debido a que este aporte venía generando una presión considerable sobre las finanzas públicas, pues solo entre enero y abril del 2025, este consumo se representó en un impacto de 131 mil millones para el fondo de estabilización, pudiendo direccionar estos aportes a ayudas sociales.
“Con este decreto, el uso industrial del diésel pagará precio pleno y no generará afectación al Fondo de estabilización. No repetiremos los errores de Iván Duque de someter al país a pagar combustibles en lugar de hacer inversión social.
También estamos implementando el decreto de diésel diferencial para que los privados y sus camionetas paguen también diésel pleno”, escribió Edwin Palma, ministro de Minas.
Por su parte, las autoridades consideraban que este subsidio al diésel industrial no protegía al consumidor final debido a la volatilidad de los precios internacionales, beneficiando a los eslabones intermedios en vez del consumidor final.




