El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que la selección de Selección de fútbol de Irán no debería participar en la próxima FIFA World Cup 2026, que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá. Según el mandatario, la recomendación responde a preocupaciones por la seguridad de los jugadores en medio del conflicto que vive la región.
Las declaraciones se producen en un contexto de guerra en Oriente Medio y apenas días después de que el propio Trump manifestara que el equipo iraní sería bien recibido en el torneo.
Trump insiste en que la seguridad es la prioridad
A través de su red social Truth Social, Trump aseguró que, aunque el combinado iraní sería bienvenido a la competición, considera que su participación podría poner en riesgo a los jugadores.
“Por su propia vida y seguridad, no creo que sea apropiado que estén allí”, escribió el mandatario, al referirse al evento futbolístico más importante del mundo.
El comentario generó sorpresa, ya que días antes el presidente había señalado que los futbolistas de Irán podrían competir sin inconvenientes en territorio estadounidense durante el Mundial de 2026.
Conversaciones con la FIFA sobre la situación en Irán
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, reveló que sostuvo una reunión con Trump en la Casa Blanca, donde discutieron el panorama político y de seguridad que enfrenta Irán.
Tras ese encuentro, Infantino reiteró que, desde la perspectiva de la FIFA, el equipo iraní sigue siendo bienvenido a participar en el torneo.
Las conversaciones se dieron después de que Washington e Israel iniciaran operaciones militares contra Irán a finales de febrero, lo que ha elevado las tensiones internacionales y ha puesto el foco en posibles implicaciones deportivas.
Polémica por jugadoras iraníes que pidieron asilo
La controversia también se extendió al fútbol femenino. Trump pidió recientemente al gobierno de Australia que ofreciera asilo a varias jugadoras de la selección iraní que se encontraban en ese país.
Las futbolistas temían represalias en su nación luego de negarse a cantar el himno nacional antes de un partido de la Copa de Asia. Finalmente, Australia aceptó conceder protección a cinco de ellas, quienes decidieron permanecer en el país.
El episodio volvió a poner en el centro del debate la relación entre política, derechos humanos y deporte en medio de una de las crisis geopolíticas más tensas de los últimos años.










