Después de más de una década sin fumigaciones aéreas, el Gobierno Nacional puso en marcha una nueva fase de erradicación de cultivos ilícitos con glifosato, esta vez mediante drones y con respaldo de Estados Unidos. La decisión se conoció tras el reciente encuentro entre el presidente Gustavo Petro y su homólogo estadounidense Donald Trump, en el que acordaron recomponer la relación bilateral y fortalecer la cooperación en seguridad.
La reunión se realizó el pasado 3 de febrero en la Casa Blanca, escenario donde ambos mandatarios se comprometieron a retomar la histórica alianza militar y a coordinar acciones contra las guerrillas y los carteles del narcotráfico.
Una estrategia suspendida desde 2015
Colombia había frenado en 2015 la aspersión aérea con glifosato desde avionetas, luego de advertencias sobre posibles afectaciones a la salud humana y al medioambiente. Sin embargo, en diciembre de 2025 el Ejecutivo anunció que reactivaría la medida en medio de la presión de Washington para endurecer la política antidrogas.
La Embajada de Estados Unidos en Bogotá confirmó el inicio de los operativos y destacó que la tecnología con drones permitiría reducir cultivos de coca con mayor precisión. Según el pronunciamiento, la meta es disminuir la producción de cocaína y su impacto tanto en Colombia como en territorio estadounidense.
Así funcionará la nueva política de erradicación
El Ministerio de Justicia explicó que los drones volarán a una altura aproximada de 1,5 metros sobre los cultivos ilícitos y realizarán una aspersión “controlada”, con el objetivo de minimizar riesgos para comunidades cercanas y ecosistemas.
La medida marca un giro en la estrategia del Gobierno. Desde 2022, la administración Petro había impulsado la política de “paz total”, enfocada en negociaciones con grupos armados ilegales. No obstante, a pocos meses de concluir su mandato, el fortalecimiento de estructuras criminales y los limitados avances en los diálogos llevaron al Ejecutivo a endurecer su postura frente al narcotráfico.
Con esta decisión, Colombia retoma una herramienta polémica en la lucha contra los cultivos ilícitos, ahora bajo un modelo tecnológico que promete mayor precisión y menor impacto colateral.




