El caso de las dos niñas fallecidas en el norte de Bogotá en 2025 generó conmoción nacional luego de que las autoridades confirmaran que consumieron frambuesas contaminadas con talio, un potente veneno.
La investigación apunta a Zulma Guzmán Castro como principal sospechosa, mientras la Fiscalía reconstruye la presunta red de personas y movimientos que habrían facilitado la compra, el pago y la entrega del producto, así como las acciones posteriores que podrían haber buscado ocultar evidencias clave.
La declaración de Gabriel Enrique Blanco Ayala, uno de los propietarios de la veterinaria donde eran atendidas las mascotas de Zulma Guzmán Castro, es clave para la Fiscalía, pues conecta movimientos financieros con la logística que habría permitido la entrega de las frambuesas envenenadas con talio que acabaron con la vida de las dos menores.
El movimiento bancario que levantó alertas
Durante su declaración, Blanco Ayala explicó que al revisar el extracto de su cuenta Nequi encontró una transferencia por $12.000 a nombre de José Luis Trejo, un movimiento cuyo concepto aseguró no poder precisar.
Según relató, Zulma Guzmán le habría indicado que ese saldo correspondía a un excedente de un pago por servicios veterinarios y que debía enviarse a una cuenta que no estaba a su nombre ni al de una persona cercana. El veterinario aclaró que este tipo de transacciones son habituales cuando algunos clientes pagan en efectivo y solicitan las vueltas por medios digitales, pero el hombre nunca supo que ese dinero se terminó enviando al domiciliario que entregó las frambuesas envenenadas como parte de pago por la labor.
¿Un pago clave dentro de la red criminal?
Las autoridades analizan si ese dinero corresponde al pago realizado al domiciliario que habría entregado las frambuesas contaminadas. Aunque el veterinario aseguró no tener conocimiento del destino final del dinero, la consignación quedó incorporada como evidencia dentro del proceso judicial.
La solicitud de documentos que generó sospechas
Otro hecho que llamó la atención de los investigadores ocurrió a finales de abril, cuando Zulma Guzmán pidió las historias clínicas de sus mascotas. Días después, un hombre se presentó en la veterinaria afirmando que actuaba por encargo de ella para reclamar los documentos de sus dos gatos.
Para la Fiscalía, esta acción podría estar relacionada con un intento de eliminar vínculos que la conectaran con el establecimiento y con uno de los testigos clave del caso.











