El papa Francisco no está bien. De hecho, sigue teniendo repentinas crisis que causan preocupación. Este lunes 3 de marzo, al cumplirse 18 días de hospitalización, el pontífice argentino presentó dos episodios de insuficiencia respiratoria aguda y los médicos tuvieron que volver a usar ventilación mecánica no invasiva para controlar la saturación.
La nueva complicación se originó “por una importante acumulación de moco endobronquial y el consiguiente broncoespasmo”, razón por la cual los especialistas le realizaron dos “broncoscopias” para aspirar las secreciones, explicó la Santa Sede.
Pese al cuadro tan complicado, fuentes vaticanas precisan que su santidad no ha perdido la conciencia y ha permanecido siempre alerta, colaborando con el personal sanitario que lo atiende en el hospital Gemelli de Roma. En otras palabras: el líder de la Iglesia católica sigue luchando por su vida, pegado de su fe y en constante oración a Dios.
Días buenos, días malos: así ha sido la larga hospitalización del papa Francisco
Internado el 14 de febrero por una bronquitis, el sumo pontífice desarrolló posteriormente una infección polimicrobiana en las vías respiratorias y luego fue diagnosticado con neumonía bilateral (en ambos pulmones).
El sábado 22 de febrero tuvo una fuerte crisis respiratoria que obligó a que le suministraran oxígeno de alto flujo y también fue necesario realizarle transfusiones de sangre por una caída de plaquetas, esto último debido a anemia. Después desarrolló una insuficiencia renal leve, ya superada por fortuna.
La semana pasada estuvo relativamente estable. De hecho, participó en eucaristías y se reunió con miembros de la curia romana. Sin embargo, el viernes 28 de febrero sufrió un broncoespasmo y las alertas se encendieron en el Gemelli. Los terapeutas procedieron a prestarle ventilación mecánica no invasiva.
El sábado y domingo mostró algo de recuperación. Durmió bien en las noches e, incluso, envió un mensaje a los files reunidos para el rezo del Ángelus. En el escrito afirmó que tomaba su “fragilidad” actual como una bendición, porque sentía la compañía de Dios y de millones de católicos que estaban orando por su recuperación.
Cuando muchos pensaban que las cosas iban por buen camino, este lunes decayó al registrar dos episodios de insuficiencia respiratoria aguda. De nuevo fue urgente proporcionarle ventilación mecánica no invasiva.
De 88 años y con antecedentes de enfermedad pulmonar, el estado del papa Francisco sigue siendo crítico y los doctores insisten en que el pronóstico es reservado. Por ahora se descarta su participación en las celebraciones del Miércoles de Ceniza y es incierto cuándo podría salir del hospital.
Con rosarios, misas y súplicas, en numerosas iglesias y hogares del mundo piden por la curación del santo padre, a quien muchos reconocen como un verdadero líder espiritual que le ha dado un carácter más humano, sencillo y cercano a la Iglesia católica.











